
** La vida de Endry Cardeño ha sido tan agitada como la de Laisa Reyes, el travesti al que interpreta. Esta es su historia.Es la nueva reina del rating. Quizá por su imponente presencia escénica, porque es despampanante o por su gracia natural. Pero, sobre todo, por ser el primer travesti que protagoniza una telenovela en Colombia. Eso ya es suficiente no sólo para que Endry Cardeño, Laisa en la telenovela “Los Reyes”, sea la figura del momento, sino para que marque un hito en la historia de la televisión colombiana.
Aunque es consciente de que las críticas de los sectores más conservadores ya se han empezado a sentir con frases como que un personaje de tales características puede ser poco ejemplarizante en un horario familiar, por ahora está disfrutando de la acogida del público: “Afortunadamente esto se dio en vísperas del orgullo gay y cuando se habla del matrimonio entre homosexuales. Yo siento que le pegué una bofetada al país, pero de una manera positiva, al demostrar que en la vida nada es imposible en la medida en que se den los espacios”.
Y si Laisa es provocadora, Endry también lo es. Asegura que su identidad de género es femenina, que prefiere la palabra 'ella' cuando la tratan, que le gustan los hombres varoniles, pero que no se cree mujer aunque luzca como tal.
“Ante todo me considero homosexual. Tengo la dualidad del hombre y la mujer, eso me hace especial tanto física como mentalmente. Si me hiciera la operación del cambio de sexo, sería ir contra esto. Me volvería mujer en mi parte fisiológica, pero como mi instinto es homosexual, quizá me empezarían a gustar las mujeres”, aclara con su desparpajo habitual.
Su incursión en la pantalla chica se dio a finales del año pasado cuando, para su sorpresa, fue seleccionada para el papel. Endry, quien entonces se había establecido en Italia en busca de mejores oportunidades, se enteró de que el canal RCN estaba buscando un travesti para una nueva novela. Recordó sus épocas de artista, presentando shows nocturnos en discotecas en las que hacía fonomímicas de las canciones de moda, y se lanzó al agua.
Como se trataba de un personaje humilde, mandó un video en el que aparecía con sudadera y cachucha y decía un parlamento corto con varios acentos (paisa, venezolano, mexicano) haciendo uso del conocimiento que le había dado toda una vida de adicción a las telenovelas. “No desconfié de mi talento, pero sí de mi apariencia. Yo no cumplía con el estereotipo que buscan los medios de la niña alta, rubia, ojos azules. Además estaba un poco pasada de peso”, recuerda. Por si fuera poco, estaba lejos, ya habían cerrado el casting en Colombia y estaban buscando actores en Cuba, Venezuela y Argentina. Pero de los casi 1.000 aspirantes, entre los que no sólo había travestis, sino hombres y mujeres, Endry fue la escogida.
“Es muy profesional y lo hace maravillosamente”, opina Diego Trujillo, Emilio Iriarte en Los Reyes, quien cae seducido por los encantos de Laisa.
De esta manera está cumpliendo el sueño que había tenido toda la vida. “Siempre dije que quería ser la Amparo Grisales travesti de Colombia”. Endry nació en Cúcuta el 17 de mayo de 1975. En ese entonces se llamaba Hendri Iván, pero más adelante cambiaría su nombre y como sólo tenía el apellido Cardeño de su madre, pues nunca existió un padre, agregaría el Zuluaga inspirado en la única Miss Universo que ha tenido el país.
Reconoce que desde sus primeros años sintió la discriminación. Una vez sus profesores llamaron a su mamá para informarle que el niño tenía un comportamiento demasiado afeminado y que si querían mantener el cupo en la institución tenía que llevarlo a un psicólogo para que “enderezara al muchacho”. “Mi mamá sufrió mucho, pero yo la tranquilicé diciéndole que iba a cambiar”, cuenta Endry. Sin embargo, nunca recurrió al especialista y, aunque tuvo las mejores calificaciones, no lo aceptaron para el siguiente año. “En su ignorancia ellos pensaron que yo era la manzana podrida que iba a afectar a los demás estudiantes”.
Algo parecido le sucedió cuando, ante la imposibilidad de continuar estudiando, ingresó al grupo de danza del Norte de Santander. Su director solía excluirlo de los bailes, pues por ser “demasiado estilizado”, no encajaba. “Pareciera que Endry Cardeño no pudiera pertenecer a ningún grupo. El rechazo me afectaba, pero a mí este sufrimiento siempre se me ha transformado en rebeldía y en fuerza”. Como su familia estaba pasando por serias dificultades económicas, a los 17 años decidió buscar trabajo y lo encontró en una academia de modelaje. Acordó con la directora dictarle clases al grupo infantil a cambio de que ella le diera un curso de belleza.
Desde entonces empezó su peregrinaje por diferentes peluquerías mientras daba comienzo a su gradual transformación. “Uno se empieza a aliar con las prendas unisex para que el impacto no sea demasiado fuerte. Primero un poquito de polvos, brillo, ya me siento más lanzada y me saco las cejas, me pongo pestañitas, hasta que tengo el pelo largo, y me veo como mujer. En mi familia nadie se atrevía a decirme nada por mi temple”. Nos confiesa Endry.
Cuando se le pregunta cómo lucía de hombre, responde: “Cómo me ven, no he cambiado mucho”. En realidad, en el rostro sólo se hizo un pequeño arreglo en la nariz, diseño de sonrisa y eliminó el vello con láser. El cambio más drástico fue ponerse busto. “Al comienzo tomaba hormonas, pero las dejé porque me daban celulitis”, asegura con la vanidad que la caracteriza.
Sin embargo, una pena de amor hizo que por un tiempo volviera a ser Endry. “Mi novio de cuatro años me dejó para casarse con una mujer. No pudo soportar la presión. Él siempre había sido heterosexual, pero el estar conmigo lo hacía bisexual”. Entonces decidió cortarse el pelo y dejó a un lado su ropa de mujer. “No quería que ningún hombre me mirara”.
Por la misma época terminó el bachillerato y decidió viajar a Bogotá en busca de un ambiente más relajado, aunque opina que se tropezó con el mismo “machismo y doble moral”. Aún así, alternaba su trabajo como estilista de día con sus shows nocturnos y la presentación de eventos como certámenes de belleza en los que también participaba “quedando de reina y virreina, nunca menos”. Además, se convirtió en activista de los derechos de su comunidad al vincularse a Procrear, una fundación dedicada a las trabajadoras sexuales y madres solteras que posteriormente se interesaría por los travestis que ejercían la prostitución. “Conocí a su directora en la peluquería y ella vio en mí una líder. Mi trabajo consistía en presentar los proyectos a los alcaldes locales”. Lo hizo con su poder de convocatoria, el mismo que utilizó años atrás cuando organizó varios espectáculos en una discoteca de Cúcuta, cuyos fondos fueron destinados para la reconstrucción del Eje Cafetero.
Ahora a Endry le falta tiempo para dedicarse a todo lo que le gustaba hacer. Aunque es feliz de ya no actuar frente al espejo como antes, sino frente a cámaras y al lado de actores que admira, echa de menos la tranquilidad del pasado, cuando no se sentía en la mira de “la prensa amarillista, más preocupada por con quién ando que por lo que hago”. Opina con modestia que no cree merecer tanto protagonismo y que tampoco se preocupa mucho del futuro, “esto puede ser una moda pasajera como “La Lambada”. Pero, pase lo que pase, ya marcó un antes y un después, y a Endry, como dice el dicho, “nadie le quita lo bailado”. Fuente: Revista Semana/ Fotos: Cortesía RCTV.

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