Socióloga especialista en temas de género y sexualidades LGBTIQ. Coordinadora de proyectos y contenidos del colectivo #Notengomiedo. Activista transfeminista queer, marrón, pansexy y poliamorosa.
La primera vez que vi a Malú fue sobre un escenario, como parte del elenco de “Desde afuera”, teatro testimonial y llamado a salir del clóset. Ella era la chica arrebatadoramente grande y pansexual. La segunda vez fue en una fiesta, hablando, con mutuo desgarro, del poliamor. Esta vez la encuentro a pocos días de embarcarse para Sudáfrica, donde dictará un taller sobre feminismo. Malú Machuca es una nueva limeña. Parte de esa ciudadanía chispeante que algún día arrasará (no perdamos la ilusión) con toda la vieja caspa que representan el fujimorismo, Castañeda o el Arzobispado, por poner unos ejemplos. Socióloga, artista, feminista, queer, pansexual y poliamorosa, es una de las piezas clave de No tengo miedo (NTM), el colectivo que ha revolucionado la lucha por nuestros derechos y libertades. Ochocientas historias a nivel nacional lleva recogidas NTM para uno de los informes más ambiciosos que se recuerden sobre la situación de los colectivos LGBTIQ en el Perú y que se presentará con gran expectativa en abril.
¿Cuándo y cómo perdiste el miedo?
No lo he perdido del todo, pero la vida es muy corta para vivirla con miedo. Más bien, busco explicitar mis miedos, para hermanarme con otras y enfrentarnos a estos miedos juntas. Intento no tener miedo de ser vulnerable. Sé que ahí está nuestra fuerza más radicalmente transformadora.
¿Lima es feminista, queer, pansexual y poliamorosa como tú?
Hay muchas Limas que la mayoría prefiere no conocer. Es queer a veces, o cuir, pero sobre todo es harto maricona, machona, traca, y no binaria. Lima es una ciudad super interesante para vivir ahorita para las locas que habitamos estos espacios liminales del género, la sexualidad y el deseo. Irónicamente, la visibilidad aplastante de la Unión Civil nos ayudó a encontrarnos a todas las disidentes de esa lucha.
¿Se puede ser libre en esta ciudad? ¿Cuál es la clave para no morir (asesinado) en el intento?
La clave está en las amigas, la familia escogida en sororidad. Nada me hace sentir más segura que salir con mi grupo de bebitas, sabiendo que todas estamos en la dinámica de la autodefensa colectiva, empoderándonos. Salir con mis amigas traqueadísimas, maquilladísimas, putísimas, gordísimas, infinitas, absolutas: eso me da vida. Creo que la clave está en mantenernos juntas, en saber que si vamos absolutas a la discoteca de noche, de madrugada también debemos ayudarnos a llegar seguras a casa.
¿Qué es lo que te atrae del poliamor?
Una de las partes del poliamor que más me interesa tiene que ver con el manejo de las amistades románticas, o estas conexiones emocionales que pueden cargar mucho sentido en nuestras vidas, en mi experiencia comparable al de una pareja. Vivimos colonizadas por el amor romántico y la vida es mucho más inmensa. Ahora me siento muy enamorada de mis cómplices activistas, gente con la que comparto el sentido de justicia social y la transformación. Colectivizamos tareas, domésticas, emocionales y políticas, mientras imaginamos nuevas posibilidades de vivir y de amarnos.
¿Y lo más difícil del poliamor?
Las ideas y estereotipos que otras ponen sobre ti. Es como salir del clóset de nuevo; mucha gente lo asocia a la promiscuidad o a "simplemente salir con diferentes personas". También hay mucho activismo unioncivilero que posiciona la normalización al modelo de amor y familia heterosexual, que sigue calando en nuestra forma de vivir el deseo. A mí me interesa posicionar una forma de relacionarnos distinta.
Siempre creí que el objetivo era la transformación de la sociedad en un lugar donde las categorías de género no tengan que existir. No me interesa la normalización a la familia tradicional, esa que permite tanta violencia sexual, que forma machos, que deja a tantas mujeres aisladas, empobrecidas y solas.
De la heterosexualidad al lesbianismo, de la bisexualidad a la pansexualidad... ¿Te has encontrado ya? ¿por qué ahí?
Creo que el deseo y la sexualidad son fluidos, y me gusta ver a dónde me llevan. Ahora me identifico como pansexy, pansexual me parece un término muy médico. Me gusta reivindicar lo sexy de sentirte atraída hacia mujeres, hombres, personas trans o de cualquier género. Creo que es un acto político identificarte como pansexual desde el transfeminismo.
El Estado en el Perú todavía no nos ama, ¿verdad?
No, ni a las cabras ni a las mujeres, ni a la mayoría del país. El Estado lo piensan unos pocos hombres que sustentan poder económico y político; pero igual logramos infectarlos de nuestra mariconada y ahí estamos construyendo cada vez más.
El #StopGordofobia es también un grito de lucha. Y esa es otra de tus militancias.
Tiene mucho que ver con mi experiencia con mi cuerpo y el deseo. La primera vez que me bañé desnuda en un espacio público me sentí libre como no me había sentido antes. Dejó de preocuparme si me veía bonita para los estándares de alguien más. Desde ese día no he mirado atrás.
¿Cuál es el sentido de comunidad en el trance de perder el miedo y salir?
Creo que la comunidad da sentido a los procesos identitarios individuales. Suele ser este el principal grupo que nos brinda apoyo, antes que la familia. Aquí encontramos reconocimiento y valida nuestra existencia. Ya decía Audre Lorde: “Sin comunidad, no hay liberación”.
¿Por quién debes votar si eres parte y/o te preocupa el destino del colectivo LGBTIQ en el Perú?
Este año, a pesar de que el JNE requirió específicamente que los planes de gobierno de los candidatos presidenciales incluyan temas LGBTIQ, solo 8 de las 19 listas presentadas lo han hecho. Para nosotras, las prioridades son la ley de identidad de género y el reconocimiento del Estado hacia la situación de violencia en la que vivimos. Verónika Mendoza es la única candidata que viene aportando este tipo de ideas. Mi voto está en ella por esta y varias razones más.

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